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Carta a Marrakech

Image by Sergey Pesterev

A veces te sueño y todo es rojizo, entre terracota y rosado, imagino que estas en el medio del desierto como una mancha roja que de pronto tiene un matiz verde, un oasis destacando en la tierra. Entro a la ciudad caminando a las primeras horas de la mañana, el sol ya es abrasador, agradezco haberme puesto el vestido blanco de algodón, no pude haber elegido mejor.

 

Camino sin conocerte, sin embargo mis pasos me llevan a la medina, nunca vi una ciudad medieval amurallada tan llena de laberintos. Durante el día debe estar densamente poblada, pero a esta hora todavía hay cierta quietud, la calma que precede al torbellino. Entro por un pasaje cualquiera y siento el olor. Vislumbro en una casa de piedra la puerta abierta y observo que alguien prepara un líquido en una gran cacerola de cobre y este tiene especias, al menos así lo huelo, una mezcla de ellas, el aroma impregna todo el lugar. Toco la puerta entreabierta y espero. Una mujer de rostro ajado vistiendo una túnica azulina me mira con unos ojos cafés brillantes y traviesos, que no se compadecen con su edad. Me sonríe y me invita a pasar, le hablo en inglés pero no me comprende, sin embargo su amabilidad me convence. No sé por qué toque la puerta, es temprano y al pensar que podía tomar un café tuve el impulso. Ella me señala la olla de la que sale ese olor increíble a especias. Me señala y ofrece una taza, al probarlo es como tomar un café chai, lo degusto y le pregunto su nombre, no me entiende y le digo el mío señalándome con mis dos manos, a lo que ella replica: Aaminah y también pone sus dos manos en el pecho.

Disfruto de mi reconfortante café, doy las gracias a mi anfitriona y salgo al laberinto. Los primeros tenderos están abriendo sus puertas, instalando sus toldos, poniendo letreros, sacando mesas para extender su mercadería: desde aretes hasta alfombras, de polvos de colores a piernas de cordero ahumadas. Cerámicas, joyas, Chucherías, teteras, jarros, faldas de tul, tejidos, abalorios, una conjunción de color indescriptible, no puedo avanzar ya que me distrae tanto movimiento y por supuesto voy deteniéndome ante cada cosa que me llama la atención.

Trato de recordar por donde entré,  es casi imposible, pero es mi sueño Marrakech por lo que pronto encuentro la salida. Dejo atrás la medina y sigo mi camino. A lo lejos veo el minarete morisco de la mezquita Kutubía que recuerdo es tu símbolo.

Marrakech de mis sueños, quiero encontrar el jardín imperial, el parque del que disfrutaban los sultanes, quiero vestirme con un caftan rosa y sentarme bajo los olivos, oler los árboles frutales y disfrutar de las cimas del Atlas.  Quiero dar un paseo a lomo de camello y conocer a los beduinos del Desierto de Sahara, durmiendo en haimas bajo un manto de estrellas. Disfrutar de la paz del silencio del desierto en un campamento bereber.

 

Quiero subir a una calesa al atardecer para ir a La Menara, sentarme al borde de su estanque de agua, y disfrutar de la sombra de los olivos mientras espero a mi amor.

Todo eso y mucho más quiero Marrakech. Tú y yo nos encontraremos pronto.

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